Por Gustavo Romero

Todos los padres deberíamos tener esa primera vez en que abordamos una charla con nuestros hijos sobre sexualidad. La responsabilidad primaria de la formación sexual de nuestros hijos es nuestra; de nadie más. No tenemos que delegarla, como lo vimos en el artículo anterior. Ahora ¿qué temas tenemos que incluir en esa primera charla? En estas conversaciones con nuestros hijos, uno de los conceptos que tenemos que hacerle saber es que “Toda acción, cualquiera que esta sea, tiene consecuencias”, ya sean las acciones buenas o las no tan buenas. Las malas acciones, las inocentes, esas acciones que todos hacen, la que ”total no pasa nada”, la que “nadie se va a dar cuenta”, esas acciones que están popularizadas, esas acciones que todos dicen que están bien, a aquellas acciones que nadie realiza por intrascendentes, porque no son populares, porque no nos hace famosos ni conocidos. Toda acción, cualquiera sea tiene una consecuencia en la formación sexual de nuestros hijos. El abuso, la falta respeto hacia otra persona. El abuso, sea en cosas menores o mayores. Toda acción tiene una consecuencia emocional, física y hasta legal.
Tenemos que generar en ellos una actitud responsable. A nuestros hijos tenemos que darles alas para volar y raíces para volver; no siempre vamos a estar físicamente ellos pero sí tiene que estar plasmado en ellos nuestros conceptos, nuestros valores. Por eso, generemos en ellos una actitud responsable, para que cuando estén solos sepan decir que no; para que cuando estén solas sepan poner límites y no solo a las relaciones sexuales sino también a cosas que encaminan a eso como por ejemplo en alcohol y drogas y por qué no alguna compañía no deseable.
Otro de los temas que tenemos que tocar con nuestros hijos es elegir con quien, cómo y dónde. Esto se llama libertad responsable. Son libres. Ya tienen libertad pero esa libertad no es para hacer cualquier cosa sino que la libertad es acotada. Cuando vamos por una ruta somos libres pero tenemos dos líneas que nos limitan a los costados. Si excedemos estas líneas no sabemos con qué nos vamos a encontrar. Si vamos por el lado derecho y no excedemos las líneas, andamos seguros, en libertad. Eso es libertad responsable. Tienen derecho a ejercer esa libertad pero tiene la obligación de ejercer la con libertad con responsabilidad.
El tercer tema es la prevención de enfermedades de transmisión sexual. Estas no solamente se trasmiten en la relación sexual sino de otras maneras. Esto nuestros hijos tienen que saberlo.
A esta altura estarás pensando “¡pero esto se lo enseñan en el colegio! ¡Esto lo ven en internet! ¡Esto se lo dicen los amigos!” Pero… ¿qué tipo de información tienen tus hijos? ¡Qué mejor que tengan información de las personas que los aman, que son mamá y papá! El que salga de sus labios le dará peso, le dará veracidad. Aumenta la confianza. No es lo mismo que la información se la dé un amigo a que se la den los padres porque una cosa es ser padre y otra cosa, ser amigo. Un padre puede ser amistoso pero corrige, pone límites. Sin embargo, un amigo puede aconsejar pero no puede limitar. Contrariamente, será cómplice.
Sin embargo, el objetivo primordial no es dar información. Nuestros hijos deben comprender que pueden confiar en nosotros en todo momento, en las buenas y en las malas; antes de las buenas y por supuesto antes de las malas. En cualquier momento, tienen que poder confiar en nosotros. Esta confianza no se genera de un día para el otro. La confianza se gana, se gesta, se trabaja, se elabora todos los días siendo congruente. Ser congruente es que coincida lo que pensamos con lo que hacemos; que coincida lo que decimos con lo que hacemos. Que nos vean íntegros. ¡Eso ganará su confianza!
¿Qué nos ven hacer nuestros hijos? Como nos vean nos harán creíbles y por supuesto querrán confiar en nosotros sus más íntimos secretos.