Por Gustavo Romero

Provincia de Entre Ríos.
Invierno.
Dos “gurises” caminando entre espinillos como lo hacen todos los días del año; la diferencia es que hoy hacía 3 grados. De sensación térmica mucho menos.
Los gurises no pasan los 12 años. No los acompañan sus papás. Van solos los 3 kilómetros desde el rancho hasta la escuela. Escuela que no tiene calefacción, kiosco, fotocopiadora, pero sí un plato de comida y mucho amor. Una escuela donde se sienten contenidos, donde no sólo aprenden geografía y matemáticas sino el valor del esfuerzo. Donde si no camino, no como, no aprendo. Escuela donde sus papás están felices y orgullosos que vayan.
Llega la tarde y los gurises vuelven pal rancho.
Llovizna. Hace más frio.
No hay un micro escolar para llevarlos. Sin embargo se van decididos a volver mañana aunque el rio haya crecido y cueste cruzar.

Se habla mucho de empoderar (palabra de moda en estor tiempos y mal usada como muchas) a la juventud; de que conozcan sus derechos y que los usen. Pero Argentina es un país pendular; una nación que pasa de las dictaduras más crueles a las democracias más injustas y desequilibradas generadoras de pobres, tanto económicos como mentales.
Alguien dirá “pero yo no tengo la culpa que en otras provincias pase eso. En mi colegio no hay gas para calefaccionar así que tenemos derecho a hacer una sentada”. Si vamos al caso, es el mismo derecho que tiene el trabajador en pasar para no llegar tarde y perder el presentismo.
Creemos que ejerciendo la fuerza (porque una sentada es eso) vamos a lograr un cambio. Usamos mal tanto nuestros derechos como nuestros deberes. ¿Tiene derecho un alumno a tener una escuela calefaccionada? Por supuesto que sí, ya que para eso “algunos” pagamos los impuestos (y me hago cargo de las comillas). Pero también tiene el deber de usar los carriles tanto institucionales como de comunicación para hacerse ver y pedir la solución del problema.
Apuesto que muchos de los chicos que estaban en la sentada ni siquiera sabían por qué estaban ahí. Pero ¡es tan lindo perder una hora de clases! Ahí está tu deber y tu derecho. El de estudiar.
Hablando de deber. ¿Dónde entran los padres? ¿Empoderan a sus hijos para que reclamen de esta manera? Pues supongo que no son los mismos padres que cortan las vías del tren porque Edesur les cortó la electricidad.
En un país que quiere crecer cada uno tiene que ocupar el lugar que le corresponde. El chico, el de estudiar; el padre de velar por la seguridad y los valores de sus hijos. Por supuesto, la del Estado, de garantizar la educación formal y la comodidad del estudiante.
Si los padres avalan la actitud de los chicos al hacer estas sentadas están validando la violencia, el atropello e ignorando los derechos de los demás. Eso no solo no es constitucional sino éticamente reprochable. Si no las avalan, evidentemente tienen que trabajar en casa sobre esos temas.
Porque en la escuela, con gas o sin gas se aprenden materias; en casa los valores.
¿Qué ejemplo de empoderamiento avasallador estamos dejando? No sea cosa que se nos vuelva en contra en un futuro no muy lejano.

Provincia de Formosa.
Verano.
Dos changuitos caminando entre quebrachos blancos como lo hacen todos los días del año; la diferencia es que hoy hace 44 grados. De sensación térmica mucho más.
Increíblemente, no van a hacer una sentada porque la escuela no tiene aire acondicionado.

Foto: Gentileza Jessica Sena (Telecreativa)