Comienza a llegar la etapa final de las clases y los exámenes se asoman. Con ello, la desesperación de los padres porque los chicos no estudian ¿Qué hacemos? ¡Estudiá! ¡Cortá con esa play y ponete a estudiar! Las amenazas y los gritos empiezan a ser parte de la cotidianeidad.

CRIAMOS UNA GENERACIÓN QUE CREEN MERECERSE TENERLO TODO
En los adolescentes, tenemos que tener en cuenta que el bajo rendimiento escolar puede deberse a la etapa que cursan, de cambios físicos y psicológicos. Por otro lado, el interés a la pertenencia a nuevos grupos de relación. Esto conlleva a la pregunta ¿Quién soy yo?
Hasta aquí esto lo sabemos y los que somos padres podemos dar cátedra del tema. Sin embargo, a la hora de los exámenes pareciera que la teoría no nos alcanza. Muchas veces es porque enfocamos mal nuestros argumentos.
Uno de ellos es decirles que el estudiar es “su única responsabilidad”. La educación no es una responsabilidad. Debemos ser responsables con ella; la educación es un DERECHO. Cuando el chico enfrenta sus estudios como una obligación lo afronta como una carga, un peso. Cuando lo vemos como un derecho (que gracias a Dios en nuestro país todavía tenemos) la carga se aligera y comenzamos a verla con cierto agrado.

CRIAMOS ADOLESCENTES QUE NO SABEN QUÉ ES GANARSE LAS COSAS CON ESFUERZO
Muchos padres dicen “si querés ese teléfono ponete a estudiar”, o peor, “si aprobás todas las materias te voy a dar tal o cual cosa”. Entonces el problema no son nuestros hijos sino nosotros, ya que si le damos todo, no van a valorar nada.
Cuando nuestros hijos dicen que NO quieren estudiar, debemos plantearnos a qué le están diciendo que SÍ. Detrás de ese NO, hay una desmotivación. Debemos transmitirles que estudiar no es una obligación sino un derecho a aprender, a superarse, a poder lograr lo que quieran por ellos mismos.

CRIAMOS ADOLESCENTES A QUIENES LOS PADRES LE RESUELVEN TODOS LOS PROBLEMAS
Si nuestros hijos tienen la motivación para llegar donde quieran, el camino va a ser menos tedioso.
Por otro lado, tienen que tener objetivos alcanzables. No podemos pretender que en dos semanas aprendan –porque de eso se trata, no solo de aprobar- cinco o seis materias. Para hacer esto es imprescindible crear un plan de acción que se adecúe al objetivo que ellos quieran alcanzar.
Esto implica conocer cuáles son sus fortalezas y puntos débiles. ¿Aprende mejor solo o en grupo? ¿Le gusta el silencio o necesita música de fondo? ¿Le es más cómodo estar sentado frente a los libros o parado con una pizarra?
Algo a considerar es que nuestras expectativas como padres no siempre coinciden con la realidad. El pretender que aprueben las cinco o seis materias puede que sea un imposible para nuestro hijo. ¡Pero si fulanito aprobó ocho en una semana! No todos los adolescentes son iguales, por ende, tienen problemáticas diferentes. Habría que preguntarse por qué Fulanito llegó a llevarse tantas materias.
Padres: les dejo algo para pensar en relación a la educación de nuestros hijos y su rendimiento escolar.
¿Para qué los mandás al colegio?
¿Cuál es tu motivación?
Cambiando nuestra forma de pensar, podremos entenderlos y guiarlos mejor.