Por Pablo Colombo

En Argentina hablar del FMI es sinónimo de hablar de crisis, de ajuste y pobreza. Usamos casi siempre las siglas del Fondo Monetario Internacional con una connotación negativa.
Pero ¿por qué nos cae tan mal? ¿Por qué se llega a pedir dinero al FMI? Veamos…
Un país, al igual que una familia, por ejemplo, necesita ingresos para poder cubrir sus gastos.
Dentro de los gastos de un país tenemos cosas tan variadas como el costo de la educación, pago de jubilaciones y pensiones, salud, empleo público, obra pública, y también el pago de intereses y capital de deudas contraídas anteriormente.
Bien, para hacer frente a esto, un país obtiene sus ingresos principalmente de cobro de impuestos (en todas sus formas).
El resultado fiscal es la suma de los ingresos menos los gastos públicos. Si ese resultado es positivo, “sobra” dinero, es decir que alcanza… es el famoso SUPERAVIT FISCAL.
Pero si ese resultado es negativo, significa que no alcanzan los ingresos para pagar los gastos… es el famoso DEFICIT FISCAL. Hay otro saldo importante que es el saldo de la balanza comercial (superávit o déficit comercial) que es la diferencia entre las exportaciones (dólares que ingresan al país) menos las importaciones (dólares que salen del país), pero eso lo dejamos para otro día.
Bien, cuando hay DEFICIT FISCAL (el dinero recaudado no alcanza para hacer frente a los gastos y deudas) un país puede, básicamente:
– Emitir billetes para pagar sus deudas (esto generará a la corta o larga, inflación, ya que esa emisión no está respaldada por ingresos de reservas al BCRA).
– Reducir el gasto público (reducir empleo público, bajar jubilaciones, no hacer obra pública, por ejemplo).
– Aumentar los impuestos para recaudar más (este recurso suele terminar con una menor actividad económica, porque aumenta la presión impositiva y esto desincentiva la inversión privada).
– Pedir dinero prestado.
Vamos a ese último punto, pedir dinero prestado (que suele hacerse en dólares). En una situación normal, la mayoría de los países recurren a la colocación de bonos internacionalmente. El Estado emite un bono (una promesa de pago futura) y se la ofrece a inversores del exterior (grandes bancos y fondos de inversión en primera instancia). A cambio de ese dinero se ofrece una tasa de interés (que suele ser la tasa de los bonos de Estados Unidos más una prima de riesgo que está dada por el Riesgo País). Por ejemplo, si la tasa de interés de un bono a 10 años en USA paga un 3% de interés anual, a un bono argentino se le pedirá esa tasa (3%) más la tasa de riesgo país (si el riesgo país es de 2000 puntos, eso significa un 20% adicional de interés). En los primeros días de enero 2020, la sobretasa que se le requería a un bono mexicano era un +3%, a un bono brasilero +2,2% y a un bono peruano un +1,1% por encima de la tasa norteamericana.
Volvamos al tema bonos. Un país sale entonces al mercado internacional a pedir dinero para poder usar en sus proyectos (como políticas contra cíclicas para volver a crecer y generar superávit fiscal) o para hacer frente al déficit fiscal. Habitualmente, cuando llega el vencimiento del bono, se emiten nuevos bonos y con eso se paga el bono que vence (se le dice “rolear” el vencimiento).
¿Qué exigen los inversores internacionales para “comprar” un bono? Bueno, básicamente, que se les ofrezca una tasa de interés acorde al riesgo que asumen.
Cuando un país se endeuda mucho, los inversores comienzan a pedir cada vez más tasa de interés porque asumen que al estar tan endeudados, el riesgo de no pagar ese bono aumenta.
Bien, ¿pero donde entra el FMI? Cuando al país se le hace tan caro pedir dinero prestado (bonos), suele pasar que ya no haya “voluntad” de prestarle dinero, porque el riesgo de no cobrarlo se hace cada vez más grande. Es así que, si el país sigue con déficit, y los bancos de inversión no le quieren prestar más dinero, se llega al FMI, llamado también prestamista de última instancia.
¿Nadie te quiere prestar? Bueno, ¡¡¡el FMI te presta!!! Pero pone sus condiciones. Recuerden que los bonistas solo pedían tasas de interés acordes al riesgo. Bueno, el FMI te ofrece tasas bajas pero pone sus requisitos como por ejemplo, hacer ajustes fiscales, reducir gasto público, aumentar impuestos, no emitir billetes, usar el dinero prestado para fines específicos (en resumen, lo que quiere el FMI es asegurarse de que se le pague la deuda contraída, que también suelen ser medidas que no lograrían un crecimiento económico, suelen ser más bien recesivas).
¿Alguien te obliga a ir al FMI? No, nadie. Se llega por necesidad, pero si vas a buscar ayuda ahí, tenés que saber que ponen sus requisitos, los cuales debés cumplir e ir cumpliendo para que sigan desembolsando los fondos acordados. Si no cumplís sus requisitos, no te prestan.
Por esto nos cae mal el FMI, porque nos exige ajustarnos o gastar menos, nos impone sus condiciones. Pero hay que saber lo siguiente, llegás al FMI porque no pudiste resolver tus problemas con las otras alternativas anteriormente mencionadas (muchas veces porque malgastaste los recursos genuinos).
Hay un pasaje bíblico (Proverbios 22:7) que grafica esto: “El deudor se hace esclavo de su acreedor”. Es notable, ¿no? La deuda te esclaviza, te obliga a seguir los parámetros que te impone tu acreedor (¿Querés plata? Vas a hacer lo que yo te diga). Las deudas hay que pagarlas, deber dinero te esclaviza, dejar de deberle dinero a alguien te da libertad (a un país… a una familia… a una persona).