Por Gustavo Romero
Esta Navidad, cuando estés sentado a la mesa, posiblemente lo hagas agotado física y mentalmente. También, quizá, disgustado con uno o más de los que compartas la cena esa noche. La organización de la cena propiamente dicha, dónde hacerla, a quiénes invitar, a quién dejar afuera y cómo hacerlo, comprar los regalos…
Los encuentros de fin de año son todo un desafío para la paciencia y la templanza. Ponen en juego nuestra habilidad de negociación y de autocontrol. Cuando el dique contenedor de las todas las problemáticas acumuladas durante el año falla, salen a luz todos los conflictos. Y no de la mejor manera.
Pero ¿por qué pasa esto? Las razones son varias; por un lado, tenemos la tendencia de contar los regalos a último momento. Puede ser que muchos esperen el aguinaldo para hacerlo. Sin embargo hay una sensación de que los regalos para Navidad hay que comprarlos cerca de la fecha, sino no tienen sentido navideño.
El estrés acumulado durante el año es el primer causante de romper definitivamente ese dique contenedor que es el autocontrol. Sin embargo, no creamos que se rompe de un día para el otro así como en un dique real; una catástrofe comienza con una pequeña rajadura. Se va horadando. La explosión de fin de año comienza unos meses antes.
Recordemos que el estrés es una adaptación normal del organismo y puede ser tanto razonable como patológico. Suele manifestarse por el grado de tristeza que generan ciertas situaciones cotidianas como las peleas familiares, la desestabilidad laboral, la pérdida de un ser querido, etc. Si a eso le sumamos la organización, la compra de regalos, la imposibilidad de que las cosas salgan bien… la debacle es inminente.
Ahora ¿Cómo podemos evitarlo? ¿Estamos a tiempo o ya es tarde? Una de las cosas que tenemos que entender es “cuál es el sentido de la Navidad”. Es una fiesta religiosa; una fecha que al mundo cristiano le recuerda el nacimiento de Aquél que murió para pagar por los pecados del mundo y se hace efectivo ese pago al creer en Él. Si es una fiesta religiosa, hay que poner la atención, el centro, en su significado. Si no hay regalos ¿es importante? ¿Acaso el regalo no fue hecho en el mismo pesebre? Si comemos en la casa del que nos debe ¿no nos manda el mismo que nació en el pesebre a perdonar como perdonamos a nuestros deudores?
Pero no todos toman esta fecha como fiesta religiosa, sino simplemente como un feriado. ¡Qué mejor momento para descansar! Hay una tendencia, sobre todos en las familias numerosas, en planificar un viaje. Esto es beneficioso ya que mamá y papá se regalan un viaje en familia con sus hijos donde pueden no solo conocer otro lugar sino estrechar lazos y distanciarse de las discusiones familiares. ¿Suena egoísta? Sin embargo funciona.
A esta altura del año ya es tarde como para planificar un viaje (y no tengamos el dinero para hacerlo) y probablemente tengamos definido donde vamos a recibir la Navidad. ¿Qué hacemos entonces? Simplemente disfrutar. No siempre las cosas van a salir como queremos, no siempre vamos a estar de la mejor manera ni va a cuadrar todo. Es ahí donde tenemos dos caminos: amargarnos, protestar, arruinarnos la noche y a los demás o pensar que es sólo una cena, que cada uno va a querer imponerse, lucirse, sobresalir y donde nosotros podemos relajarnos y conversar con aquel que creamos que vamos a tener menos problema.
Solemos centrarnos tanto en el conflicto que olvidamos que las personas que están en ese momento en ese lugar tuvieron tantos problemas como nosotros durante el año.
Esa noche en la mesa, miremos a todos por un momento y agradezcamos a la vida que no estamos solos. Con sus locuras, reclamos, reproches y más, las personas son personas y tenemos que aceptarlas como son porque –y te digo un secreto- nosotros tampoco somos perfectos y, seguramente, alguien tampoco nos soporta y sin embargo, está sentado cerca nuestro.
Creamos o no la Navidad, es una fiesta religiosa. El sólo hecho de que todo un planeta recuerde a alguien que nació hace miles de años ya indica unidad. Jesús nació para todos sin importar qué haya hecho. ¡Qué mejor forma de recordarle que tolerando, perdonando y siendo pacificadores!
¿Querés saber cómo detectar esas fisuras que terminan siendo las grietas que destruyen nuestro dique emocional? Lo dejamos para el próximo artículo.